lunes, 22 de agosto de 2011

ECOLOGÍA PURA. Aprendamos de los viejos


En la fila del supermercado, el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de compras ya que las bolsas plásticas no eran buenas para el medio ambiente.


La señora pidió disculpas y explicó: "Es que no había esta onda verde en mis tiempos."

El empleado le contestó: "Ese es nuestro problema ahora. Su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medio ambiente."

Tenía razón, nuestra generación no tenía esa onda verde en esos tiempos.


En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosas y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían usas las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

Pero no teníamos onda verde en nuestros tiempos.
Subíamos las gradas, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos al almacén en lugar de montar en nuestro vehículo de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos cuadras.

Pero tenía razón. No teníamos la onda verde en nuestros días.

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios -- la energía solar y eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos. Pero esa señora está en lo cierto: no teníamos una onda verde en nuestros días.



En ese entonces teníamos una televisión, o radio, en la casa -- no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio.

En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hagan todo por nosotros.

Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados

para protegerlo, no plastoformos o bolitas plásticas.

En esos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el pasto. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad.


Pero ella está en lo cierto: no había en esos tiempos una onda verde.

Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas plásticos cada vez que teníamos que tomar agua.

Recargábamos las pluma- fuentes con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las hojillas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

Pero no teníamos una onda verde por entonces.

En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o un omnibus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban, en lugar de usar a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas.

Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites a kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.



Así que ¿no les parece lamentable que la actual generación esté lamentándose cuán botaratas éramos los viejos por no tener esta onda verde en nuestros tiempos?

jueves, 11 de agosto de 2011

LA PRESENCIA DE MARÍA EN EL MOVIMIENTO CIUDADANO

15 de Agosto, La Asunción de María,

Día de la Vida Religiosa

El día de la vida religiosa de este año 2011 se celebra en medio de un gran movimiento ciudadano que, en palabras de muchos analistas, es una protesta contra la desigualdad social y una exigencia de una distribución más justa del poder, las riquezas y las oportunidades a las que todos tenemos derecho.

En este momento coyuntural, Dios nos hace un llamado a todos, religiosos y laicos, a llenarnos de misericordia ante esta realidad de desigualdad. No es bueno el miedo ni la descalificación, tampoco la pasividad e indiferencia. Lo mejor y fundamental es tratar de vivir en nuestra propia piel “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (GS Nº 1), pues esos “son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (idem).


Junto a nuestra actitud de misericordia ante lo que estamos viviendo, sumemos la sencillez y discreción, para apoyar a los jóvenes que buscan una mejor educación, a los grupos y comunidades que expresan de tantas maneras sus insatisfacciones y aspiraciones, en lo que es justo con la caridad y la verdad.

Con lucidez y sin apasionamientos radicales que no sean los del Señor Jesús, acompañemos a nuestros gobernantes para que se abran a la acción del Espíritu en diálogo y la búsqueda de soluciones posibles.

Acompañémonos como hermanos y hermanas, con disponibilidad y solidaridad, con la oración y el testimonio humilde del evangelio del amor.

Sabemos que esto no es fácil, por eso decimos:

“Señor, por intercesión de tu Madre, te pedimos

que los corazones de tus hijas e hijos,

se abran al diálogo en la búsqueda de lo mejor

en las principales instancias del quehacer educativo;

que tu Espíritu aleje las mezquindades y egoísmos,

las revanchas y violencias

y provea lo superior de tu sabiduría

en las posibles rutas a seguir”.

Amén.