martes, 14 de agosto de 2012


MARÍA ASUNTA, VIDA EN PLENITUD




El cielo, o la absoluta realización humana
Hablar de esperanzas en el cristianismo, de realidades últimas, significa al fin y al cabo hablar de una máxima esperanza, un motivo que moviera a todas las demás. Bien entendido, el Cielo es esta esperanza máxima.
Debe entenderse que por cielo no se hace referencia a un lugar específico, como si ir al cielo significara mudarse a un lugar entre las nubes al lado de Dios. La palabra cielo se usa porque desde siempre, el lugar del cielo representa lo inamovible, lo que siempre es estable, lo que es inmenso y grande, en donde se identifica por su grandeza al lugar en el que debería de habitar Dios. En el Nuevo Testamento, a esta realidad escatológica también se le conoce por otros nombres: vida eterna e incluso reino de Dios.

Lo que significaría “irse al cielo”
El cielo entonces, como proyección máxima de todas las esperanzas del cristiano significa algo más que un lugar al que irse a vivir.
Si la búsqueda de todo ser humano es, partiendo de Dios, volver a Él, viendo a Dios como la realización plena del Amor y la Vida, el ir al cielo significaría que si la persona tuvo una vida orientada hacia el amor, y cuando tuviera que tomar su decisión final al morir, lo haría necesariamente hacia el amor. El cielo representaría el ser plenamente vivo, no sólo vivir para siempre, sino vivir en plenitud, no el tiempo sino la calidad.
 Como en el Reino de Dios, el cielo se realiza aquí en la tierra cada vez que amamos de verdad, en la entrega generosa, desinteresada a Dios y a las personas.
Sentir que la vida tiene un sentido, es cuando el cielo sucedería ya.
...y sería pleno en el más allá

Lo que aquí se vive no sería la plenitud completa. Esta sólo llegaría en el momento en que el ser humano  termine de nacer, al morir, a su vida definitiva. Ahí, si en su peregrinar buscó las condiciones que hacen del cielo un lugar de realización plena, entraría simplemente en ese estado, su vida quedaría plena de sentido a la luz de Jesucristo.

María, madre de Jesús, mujer fuerte, abierta a Dios,  sufrida en la cruz de tu Hijo, peregrina en la Fe, caminante en esperanza, fiel oidora del Espíritu, discípula y misionera de Jesús…  tu corazón lleno de amor, es biblia de Dios.

Nos alegramos contigo hija del Padre, porque ya resucitada, gozas en la intimidad de la plena comunión con Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
..y te gozas compartiendo con los santos y los ángeles.







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