viernes, 3 de agosto de 2012

SAN PABLO Y EL ESTADIO DE DIOS


"¿Saben ustedes que en el estadio todos corren, pero uno solo alcanza el premio? Ustedes corran de tal manera que lo logren.”  I Co 9,24




Estamos desde hace un tiempo en plena “efervescencia olímpica”, la plena competencia, la capacitación física con el cultivo del carácter encaminada a conseguir logros destacables, en donde la competición, los éxitos son una expresión del instinto de pasar a la historia. 

San Pablo toma el ejemplo de los atletas  para decirnos "Corremos con perseverancia en la carrera que tenemos delante"… La meta se desplaza cada vez más allá y, lo que está en juego, es la salvación. Lo evoca en la carta a los Filipenses: "No es que yo ya haya alcanzado la meta o que ya haya conseguido la perfección, pero sigo corriendo con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús”.
   En nuestro caso son otras las competencias que debemos realizar, empezando por la construcción del Reino de Dios entre las personas y las superaciones personales y comunes (criterios, hábitos, errores, pecados, limitaciones autoimpuestas, indiferencias, miedos, estancamientos, cansancios…)



Inspirémonos en estas Olimpíadas para recordar el relevo en la entrega de la antorcha. Cada una de nosotras tiene la antorcha  que llamea con el fuego del Espíritu. En la historia de nuestra provincia hemos aprendido a mirar estos traspasos del Fuego vivo, de unas hermanas que ya corrieron la gran carrera con Cristo a otras hermanas más jóvenes y éstas a su vez a otras que las van sucediendo. Nuestro testimonio de vida es la antorcha y el fuego que arde es nuestro amor.



¿Estaremos haciendo los relevos?
 “… una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante,  corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me
llama desde lo alto en Cristo Jesús.  Por lo demás, desde el punto a donde hayamos llegado, sigamos adelante. Fl 3, 13,14,16



Tomemos conciencia de la necesidad de preparar atletas para el Estadio de Dios y asegurar el relevo de nuestra misión cristiana. ¿Estamos listos para competir en la Olimpíada de Dios? ¿Nos preocupamos de crear Escuela de Olimpíadas divinas, en 

que todos y todas están invitados a ceñirse la corona?  Convoquemos a otros y otras para que testimonien el ardor del fuego  que los habita, que es el Espíritu divino. 


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